#El Aporte de la Iglesia

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Por Alejandro Sciarra

"A la sombra de una Ley sin control del riesgo"

Era diciembre 2013 cuando el senado aprobaba la famosa ley de la marihuana. Obra por la que el Presidente Mujica se haría mundialmente conocido. “El problema no es la marihuana sino el narcotráfico”, decía el entonces Presidente, agregando que se trataba de “un experimento”.


En 2018 comenzaron a sonar algunas alarmas. El gobierno identificó una baja percepción del riesgo sobre todo entre los jóvenes. A la vez, se visualizó un aumento de la violencia entre narcos por el control de ciertos puntos de venta según una investigación de Sebastián Baudean, de la Universidad ORT. Todo esto generó un reclamo de parte de ciertos actores de la sociedad, que incluso desde esta columna, reclamamos la inmediata puesta en marcha de un verdadero programa de educación en la materia. No sólo de una efímera campaña publicitaria, sino de un sistema de prevención permanente.

Así, el gobierno activó cuatro spots publicitarios de no más de 15 segundos que intentaban fomentar el diálogo sobre el consumo de marihuana, ya sea en familia o entre amigos. Se trataba de una campaña de prevención en la que se advertía tímidamente sobre algunos de sus riesgos. La campaña duró 20 días. No alcanzó a empatar la vida de una mosca. Y en cuanto a su impacto, si es que tuvo alguno, no se tiene ningún tipo de información. 

Mientras, en febrero de 2019, algunas estadísticas se presentaban preocupantes. Entre adultos de 55 a 65 años, el consumo crecía un 216%. Y de 45 a 54 años crecía un 100%. Entre los jóvenes de 15 a 18 años, el consumo crecía un 39%. En mayo de 2019, desde el Hospital Pereira Rossell se expresaba que desde la aprobación de la ley, la cantidad de mujeres embarazadas que declaró consumir marihuana había crecido un 700%.

Pero ahora estamos en campaña electoral. Así que habrá que esperar a 2020. O no, porque ya es demasiado tarde. Y así, sin darnos cuenta, habrán pasado siete años de la aprobación de una ley planteada como un experimento que se lanzó a la sociedad sin control de riesgos. En breve tendremos adolescentes que crecieron a la sombra de esta ley sin que nadie les diga que fumar marihuana puede (dependiendo de la persona) acarrear consecuencias irreparables en sus vidas, que podrá (y repito, dependiendo de la persona) traer deficiencias en su desarrollo cognitivo, depresión, brotes psicóticos, epilepsia refractaria y demás.

Así, es importante que los adultos, aún aquellos que consumen sin ningún inconveniente, lo hagan en silencio, sin creer que, como a uno no le genera adicción o problemas de salud, será igual para todos. No podemos entonces, naturalizarla en nuestra familia, o entre nuestros amigos. 

Está claro, por lo tanto, que la prevención no es responsabilidad sólo del Estado. Pero el Estado sí es, el primer responsable de decir claramente los efectos tremendamente negativos que puede tener su consumo en ciertas personas, o en todas las personas, si entramos en el terreno de los riesgos del cáncer vinculado a la combustión.

Han pasado seis años de aquel experimento lanzado sin control. Tampoco contamos con verdadera información acerca de las consecuencias. ¿Qué clase de experimento es este del cual no se extraen resultados, ni consecuencias, ni se establece un protocolo de control de daños?

Es tarde para la prevención. Claro. La prevención, por su propia definición, debe realizarse antes de mezclar los ingredientes. Ahora que el experimento está en marcha, urge un verdadero sistema de contención, de desestímulo, y de advertencia.

Mientras esto no se haga, cada vida que cueste este experimento, caerá sobre sus hombros. Nosotros, cada uno en su casa, entre sus amigos, deberá hacer lo suyo.

 

*Foto:https://www.eldiario.es/

 
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