“Para todos, el Capitán”

Nuestro país, así como todos los países, ha visto pasar líderes de todo tipo. Estuvieron, están y estarán siempre, los líderes que llenan plazas y urnas con discursos negativos, de confrontación y oposición. Pero también están y estarán siempre aquellos que no buscan influir sino que siendo ellos mismos, lo logran. Aquellos que en sus silencios, se hacen notar por sus acciones, por el sudor de su frente o la gentileza de sus actos. Por llevar calzada una sonrisa o por tener una mirada transparente y sincera. Aquellos que en sus palabras reflejan verdad, coherencia, sentido común. Aquellos que saben hacerse cargo y abrazan sus responsabilidades con humildad, decencia y respeto. Aquellos que en su bondad saben trancar fuerte, comprometerse con lo que entienden justo, cuidar lo suyo y de los suyos.



Este liderazgo es el que muy especialmente Uruguay y España reconocen hoy, en Diego Godín. Para todos, el capitán.



Godín se despide en estos días del Club Atlético de Madrid, donde jugó durante nueve años, entre llantos propios y ajenos, de jugadores, técnicos, dirigentes e hinchas. Los ojos reventados de su Director Técnico el Cholo Simeone, o los dedos en la boca y el desconsuelo de su compañero y amigo Antoine Griezmann, dejaba claro que no despedían a un jugador de fútbol sino a un hermano y quizá, a un hermano mayor, en cuyo breve discurso de despedida se limitó a dejar una última enseñanza: sepan agradecer. Godín no dijo una palabra de sí mismo. Ni siquiera habló de las conquistas, ni de lo que había sido para él la responsabilidad de ser el capitán del equipo. Godín agradeció, y nada más. Sin estridencias, hablando suave y tranquilo, Godín agradeció por sobre todo, una cosa: calidad humana. Agradeció haber tenido un hogar, y una familia en el Club. Agradeció a todos por haberlo ayudado a crecer, sobre todo, como persona. Agradeció y sólo agradeció. Y encima pidió perdón, por emocionarse.



Iba a hablar acerca de la falta hacen estos líderes en nuestro país y en nuestro mundo. Pero debo hablar, mejor, de lo bien que nos hacen estos líderes. Que existen y que es preciso mostrar porque marcan un camino sano y ejemplar. Son los que unen, los que emocionan, los que se entregan sin guardarse nada, que con humildad, sin aparentar lo que no son, y con mucho respeto, estén en donde estén generan un impacto positivo en su entorno. Estos que a la vista son personas simples y sencillas, sin “lifting”, sin peinados aparatosos, sin querer parecerse a un luchador de la UFC, sin declaraciones polémicas para ganar algún paneo de cámara. Con todo su profesionalismo y su experiencia.



Las despedidas de Diego Godín en el Atlético de Madrid no fueron dignas de una estrella que ha llevado a su equipo de la mano a la gloria a fuerza de sus goles y sus gambetas magistrales. Ese ni siquiera fue él. Fue mucho mejor. Fue la despedida de un capitán, llena de orgullo y admiración. Fue un agradecimiento, un homenaje a la nobleza, a su

esencia personal.

 

 


Y como uruguayos, debemos sentirnos orgullosos, pero mucho más debemos tenerlo presente como ejemplo. Cuando jugamos un picadito o cuando nos sentamos a ver un partido en el estadio. Cuando hacemos política y cuando vamos a trabajar. Porque es muy fácil ponerse la camiseta con su nombre. Lo difícil es cambiar nuestras acciones.



Hoy es Godín, mañana no tengo dudas, tendremos otros. Hoy es un ejemplo a seguir. Como profesional, como amigo (según sus amigos), como persona. Sin endiosarlo, sin idolatrías, sin ensalzamientos. Así como es, en silencio, con sacrificio, entrega y siempre, con una sonrisa.

 

 

*Foto: Antena2

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