#El Aporte de la Iglesia

#El Aporte de la Iglesia

Por Alejandro Sciarra

¿Qué podemos hacer los adultos para que nuestros jóvenes sean menos influenciables, o más resistentes a las presiones negativas?

¿Qué tan a menudo los grandes infligen presiones a los chicos? y ¿Qué presiones sufren los grandes que los chicos ignoran?

Empecemos por decir que una presión es la influencia que ocasiona una persona o un grupo sobre otra persona o sobre otro grupo y que la lleva a pensar o actuar de determinada manera. Esa influencia puede ser positiva o negativa.

Qué presiones sentimos los adultos hoy en día, todos las conocemos. La presión de ganar más dinero, porque queremos darle una mejor vida a nuestros hijos (aunque a veces esto no es más que un auto engaño). La presión de trascender en lo que hacemos, que a veces confundimos trascender con brillar. La presión de la feroz competencia en ciertos ámbitos profesionales. La presión del poder. En general, nuestras presiones se asocian a lo material, al éxito, a medirnos con los demás. La presión nos viene del ambiente, de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros jefes, de nuestros amigos, pero a veces también desde dentro de nuestros propios hogares.

Los más jóvenes se ven rodeados por otras presiones. La presión social de probar drogas o alcohol, la presión de hacer cosas que pongan en riesgo su integridad física para probar su valentía, la de vestirse de determinada forma o la de ser los mejores en cierto deporte, la presión de desafiar a sus padres, de hacer cosas prohibidas, de faltar a clases, y mil etcéteras.

Los adultos presionamos mucho a nuestros jóvenes. A veces, alentando, empujando suavemente, contándoles aquellas fortalezas que vemos en ellos y motivándolos a ser mejores. No exigimos ser los mejores o en cambio nada. Exigimos dar lo mejor de uno mismo. Si es un deporte o un pasatiempo, exigimos disfrutar de lo que se está haciendo. Estas son las llamadas presiones positivas.

A menudo, en talleres con adolescentes, nos cuentan lo difícil que se les hace conformar a sus padres. Ser buenos en un deporte que ni siquiera disfrutan. Ser los mejores de su clase. También sufren presión de su propio entorno, de sus pares. A tomar alcohol, a probar marihuana, a tener relaciones sexuales, a vestirse de tal o cual manera, a robarse algo en un almacén. A estas, naturalmente, las llamamos, presiones negativas.

¿Qué podemos hacer los adultos para que nuestros jóvenes sean menos influenciables, o más resistentes a las presiones negativas?

Primero que nada, debemos saber cuáles son las herramientas más eficientes con que puede contar un joven para resistir las presiones negativas. El autoestima, el sentirse amado, el valorarse a sí mismo, el tener una identidad bien desarrollada, tener pensamiento crítico, capacidad de discernimiento e independencia. En suma, conocerse a sí mismo, apreciarse y pensar por uno mismo son claves para mantener una línea de acción y pensamiento independientes y en consecuencia, menos influenciables. 

Sí, naturalmente, un joven se verá condicionado por su entorno, por su grupo de amigos, en el que querrá encajar. Quizá sea inevitable en la mayoría de los casos y no siempre está mal. Es más, si se trata de un grupo de presión positiva, seguramente sea bueno que quiera encajar y actúe en consecuencia. Pero el joven que cuente con estas armas de las que hablaba recién, al momento en que reciba la orden social de asumir un pensamiento o una conducta en la que no se siente reflejado, se sentirá en libertad de rechazarla. 

Volvamos entonces a aquello que los adultos podemos hacer para fortalecer estas herramientas. Podemos quizá, empezar nosotros mismos por presionar positivamente. Ayudar a nuestros jóvenes a descubrir cuáles son sus metas y sus valores. ¿Qué cosas los hacen crecer? 

Hagámosle saber a nuestros jóvenes que no deben medirse sino consigo mismos. Que no es su trabajo conformarnos a nosotros, ni demostrarnos que son los mejores. Hagámosle saber que pueden decir “no” y que no estarán solos, sino que hay otros esperando ansiosamente que alguien se revele contra la presión negativa para plegarse ellos mismos.

En distintos talleres le he dicho a los chicos, “si ustedes sienten que está mal, entonces está mal”, alentándolos a confiar en sí mismos, en sus propios valores y criterios, para que sientan la libertad de decidir. 

Un tema delicado y del cual he hablado ya en otra columna es el del bullying, o el acoso. Nuestros jóvenes son autores, coautores, testigos y víctimas. Poco podemos hacer nosotros cuando ellos monopolizan toda la escena. Debemos entonces empoderarlos, para que sean ellos mismos los que naden contra la corriente. El que se sabe poseedor del poder para decir “no”, contará ya con un arma de exterminación del acoso. 

Pero a veces ellos mismos tienen sus propios líderes positivos, que puede ser un padre o madre, un hermano o cualquier otro referente, y es bueno que se pregunten, ¿Haría esto mi hermano? ¿Haría esto yo, si me estuviera viendo papá o mamá? ¿Qué pensaría mi entrenador si me viese fumando este cigarrillo? Estas preguntas les permiten auto presionarse positivamente. En definitiva, serán ellos quienes tomen la decisión, sintiéndose luego, conformes o defraudados consigo mismos.

Existen decenas de estrategias que podemos enseñar a nuestros jóvenes para resistir estas presiones que día a día los someten decidir sobre a situaciones que desafían sus valores y creencias. Estrategias de confrontación, que requieren quizá una personalidad más fuerte, más independiente; estrategias de evitación o estrategias de proposición, que lo que buscan es cambiar el foco, redirigir la presión para evitar así riesgos innecesarios. No es este el momento de enumerarlas.

En definitiva, el autoestima, el sentirse amados, el valorarse a sí mismos, el tener una identidad bien desarrollada, conocerse a sí mismos, tener pensamiento crítico, y capacidad de discernimiento, son las grandes herramientas para forjar un actuar independiente, que sepa valorar las conductas acorde a sus valores más preciados y rechazar aquello en lo que se sientan incómodos.


Las presiones estarán siempre a la orden del día, esperando por los más débiles. Trabajemos junto a nuestros jóvenes, para que sean instrumentos de cambio y líderes fuertes y positivos en su entorno.

Lun. a Vier.
Sábado
Domingo